El dilema de vivir o registrar el momento con el smartphone

 
Una multitud con cámaras, teléfonos y tabletas rodea al papa Francisco en su audiencia pública en la plaza de San Pedro. Foto: AFP 
 

El vuelo 1416 de JetBlue acababa de partir hacía algunos minutos de Long Beach, California, rumbo a Austin, Texas, el 18 de septiembre, cuando Scott Welsh, un pasajero en el asiento 5A, escuchó un ruido sospechoso. Instantes más tarde la cabina comenzó a llenarse de humo, hasta el punto de que sólo podía ver pocas filas más allá de la suya, según dijo. Poco después supo que el motor de estribor del Airbus A320 había estallado.

Mientras otros pasajeros comenzaban a llorar y rezar, Welch se puso su máscara de oxígeno y ponderó su destino.

“Entendí que quizás iba a mi encuentro con Dios” recordó Welch, de 34 años. Pensó: “Si llegó mi momento, llegó mi momento”.

Enfrentado a su destino mortal, pudo haber cerrado los ojos para reflexionar calladamente. En vez de ello, Welch, fotógrafo deportivo, respondió de una manera distintiva del año 2014: buscó su teléfono inteligente Samsung Galaxy Note 3, y apuntando al aire lleno de humo tocó el botón de grabar. Incluso tuvo presencia de ánimo para tomar una selfie sonriente.

No importa que el avión aterrizó a salvo poco después, lo que convirtió el accidente en algo relativamente intrascendente. Las grabaciones tensas, de Welch y de otros que vivieron para contarlo, ayudaron a que la historia se convirtiera en una noticia de impacto nacional. Los dos breves videos de Welch se viralizaron; uno atrajo más de un millón de vistas.

Aparentemente ya no basta con registrar cada momento de la vida con el celular. También vale registrar una escaramuza con la muerte.

Gracias al “Complejo Industrial de Videos Personales” -decenas de millones de celulares con capacidad de grabar videos que alimentan diariamente con horas de grabación a monstruos dedicados a compartir esas producciones como YouTube-, ahora conciertos de rock, juras presidenciales, pequeñas obras escolares de teatro de cuarto grado y hasta desastres en el aire pueden ser considerados “contenido”, lo que nos inspira a todos para registrar cualquier evento para la posteridad.

¿Es más importante que vivamos estas experiencias que registrarlas obsesivamente y subirlas a la nube?, preguntó William Powers, un investigador del laboratorio de medios del MIT

Pero en el momento mismo en que todo encuentro público de gente, desde lo mundial e histórico hasta lo más íntimo, evoluciona hacia convertirse en un mar de pantallitas brillantes, también comienza a darse una reacción en contra de ello. Una mezcla sorprendente de críticos -gurúes de la auto conciencia, rockeros indie y hasta, aparentemente, el Papa Francisco– Han comenzado a implorar a estos videógrafos improvisados que dejen sus teléfonos y comiencen a vivir nuevamente.

¿Vivir el momento o registrar el momento? Se ha convertido en un dilema que define la era de los smartphones.

“¿Es más importante que vivamos estas experiencias que registrarlas obsesivamente y subirlas a la nube?” preguntó William Powers, un investigador del laboratorio de medios del MIT y autor de “Hamlet’s BlackBerry: Building a Good Life in the Digital Age” (El BlackBerry de Hamlet: Crear una buena vida en la era digital). “Absolutamente. ¿Entonces más gente aprenderá a vivir el momento y renunciará a las excesivas fotos y videos? Lo dudo”.

Para los obsesivos de las noticias, este tema podría conjurar imágenes de las tomas locamente viralizadas del Vaticano luego de la elección del Papa Francisco, del año pasado. Las imágenes, colocadas en los medios sociales por NBC News, buscaban mostrar un contraste entre la multitud relativamente libre de celulares en la plaza San Pedro que recibió la elección del Papa Benedicto XVI en 2005 y los miles de puntos luminosos que dieron la bienvenida al Papa Francisco en 2013.

What a difference 8 years makes. St. Peter's Square in 2005 vs. 2013. #NBCPope

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Es cierto que la historia luego resultó ser un poco más complicada. Como informó más tarde el Washington Post, la toma de “antes” era en realidad de la procesión funeraria del Papa Juan Pablo II, evento en que el uso del celular podría parecer inapropiado. Aún así, la toma de “después” se demostró indeleble, quizás incluso para el mismo pontífice.

En una aparición pública en le Vaticano en agosto, alertó a los jóvenes respecto de gastar demasiado tiempo en “cosas fútiles” como Internet y los celulares que “debieran simplificar y mejorar la calidad de vida, pero distraen la atención de lo que es realmente importante”.

De allí la superposición en los diagramas de Venn del Papa Francisco y Jack White. Con un corte de pelo que lo hacía parecer una versión gótica de Clara Bow, el ex miembro de la banda de rock White Stripes, apareció en el programa de entrevistas televisivas Conan en junio pasado, donde junto con el anfitrión lanzaron largas diatribas acerca de las pantallitas refulgentes tan ubicuas que afean las presentaciones públicas.

“He tenido la experiencia de salir a actuar ante el público y solo ver un mar de iPad” dijo Conan O’Brien con exasperación. “Ni siquiera se veían las caras”.

White estuvo de acuerdo, agregando que en su gira más reciente se vio obligado a pedir a los asistentes a los conciertos que dejaran de lado sus dispositivos y “simplemente disfrutemos con nuestros ojos y oídos”. Lejos de molestarse, dijo, el público aplaudió. Artistas como los del grupo Eagles, Prince y She & Him recientemente tuvieron experiencias similares.

He tenido la experiencia de salir a actuar ante el público y solo ver un mar de iPad, dijo el presentador televisivo Conan O’Brien con exasperación

Considere esa pequeña victoria para el concepto de “fluir”, el término psicológico de moda, que refiere a la gran satisfacción y disfrute derivado de despojarse de toda preocupación y sumergirse, al estilo zen, en la actividad del momento, se trate de saltar con paracaídas desde un acantilado en El Capitan, Yosemite, o comerse unas ricas costillitas y dejar el plato brillante.

El fluir parecería algo natural en momentos sagrados de la vida, como los casamientos. Pero estos también se han vuelto eventos saturados de celulares, al contentarse cada vez más los invitados con registrar la ceremonia a través del tercer ojo electrónico.

 
Enfrentado a su destino mortal en su vuelo en JetBlue, Scott Welch sacó su teléfono inteligente y tocó el botón de grabar. 

Para algunos, como los mandamases de los medios y los ricos y famosos, el problema es la privacidad. Kanye West y Kim Kardashina amenazaron con confiscar todo celular que brillara en su boda en Florencia, Italia, en mayo pasado, según un informe de Radar Online. Del mismo modo, Nick Denton, jefe del imperio Gawker, requirió de los invitados “presencia personal plena”, dejando sus celulares a la entrada, antes de su casamiento con su pareja, Derrence Washington, en mayo. “Pueden atender a su presencia virtual -y sus seguidores en Twitter e Instagram- al día siguiente” le dijo a a los invitados.

La crianza de los niños también sufre una invasión “paterno-paparazzista”, las mamás y los papás paparazzis de espíritu que, celular en ristra, atestan los auditorios en todo evento escolar, sea una obrita de teatro o un recital de danza.

Debe decirse que según muchos padres los niños mismos, estrellas de YouTube desde la cuna, esperan que se inmortalice en video cada gesto y cada giro suyo.

Y eso contradictoriamente inspira a otras padres para dejar de lado sus celulares a modo de protesta. A ese punto llegó Beth Feldman, publicista de Nueva Rochelle, en Nueva York, que escribe un blog llamado Role Mommy (Rol Mamá), luego del concierto de primavera de su hijo que estaba en sexto grado el año pasado, y que se vio obligada a ver a través de un caleidoscopio virtual, con la acción en escena refractada a través de múltiples celulares delante de ella. “Una consigue un buen asiento para ver a su nene e igual tiene que estirar el cuello para ver algo” dijo enfurecida.

Como sucede con cualquier discusión referida a los medios sociales, es fácil reducir la cuestión a una pandemia de narcisismo. Al fin de cuentas vivimos en una cultura que tolera que Tumblr se llene de selfies luego de un funeral.

Hay estudiosos que llegaron precisamente a esa conclusión. En un estudio de 2013 Jean W. Twenge, una profesora de psicología de la Universidad Estadual de San Diego, y dos colegas, analizaron más de 760.000 libros estadounidenses publicados entre 1960 y 2008. Concluyeron que el uso de pronombres de primera persona plural (“We” y “Us” en inglés, “Nosotros” en español) se redujo un 10 por ciento, mientras que el uso de los pronombres de primera persona singular (“I” y “me” en inglés, “yo”, “mí” en español) se incremento un 42 por ciento. Para la profesora Twenge, autora de un libro editado en 2009 bajo el título “The Narcissism Epidemic” (La epidemia de narcisismo), esto es parte del mismo cambio en la sociedad. “Eso es el video: es mi experiencia” dijo Twenge.

El video del accidentado vuelo JetBlue 1416

Seguramente Scott Welch, el cronista del incidente en el avión de JetBlue, estaría de acuerdo con ella.

“Sueno hipócrita por lo que hice” dijo Welch. Pero afirmó también que la obsesión generalizada de subir a la red cada instante de la vida le resulta “un poco extrema”. Aún así, habiéndose visto colocado en esa situación advierte que hay motivos más allá de la vanidad para tomar el celular en los momentos claves de la vida.

“Consideré el hecho de que mi familia podría no volver a verme” dijo. “Por eso volví el celular hacia mí luego de que comencé a filmar”. Agregó: “Quería que mi familia me viera sonreír”.

De todos modos, tan pronto como se viralizó el video (una compañía distribuidora se abalanzó sobre el mismo a las pocas horas, ofreciéndole el 60 por ciento de los derechos y lo que se obtuviera por YouTube), supo que sin querer se había sumado a la larga lista de micro-estrellas de YouTube, todos esforzándose por meter su rostro delante de la cámara, como buscando afirmar su destino de testigos de eventos históricos.

Sabe que así lo debe ver todo el que no lo conoce.

“Bárbaro, ahora soy el tipo de la Selfie de JetBlue” dijo Welch con tono despectivo. “Es la crítica que yo le haría a cualquiera”.

Traducción de Gabriel Zadunaisky.

via lanacion.com.ar

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